Dios como sustento del conformismo

Por Petra Saviñón

El hospital está lleno de gente que aguarda por tiempo que parece eternizarse. Desde las 3:00 de la mañana empiezan a llegar de los sitios más apartados, para conseguir turno.

Los que no tienen a nadie en el Gran Santo Domingo, lo hacen antes, vienen de noche y duermen en los alrededores o solo aguardan a que amanezca, sin pegar un ojo, porque el ruido y el desasosiego lo impiden.

Llegar con tanta precocidad no los libra de la larga estadía. La facturación es lenta y luego deben esperar a los médicos, que rara vez acuden a la hora indicada en el control de citas y después de que entran al consultorio toman su tiempo para llamar a los clientes.

(Ojo en el término, así es el nombre ahora de los que buscan servicios de salud, como para que el mensaje quede claro de lo que somos, aportadores de dinero al sistema, a cambio de una atención con tanta frecuencia cuestionable, de todo el personal, cualquiera maltrata, denigra).

El malestar de esa prolongada permanencia solo es superado por la impotencia que provoca estar largo rato en la fila para facturar y cuando por fin toca, oír la voz impersonal de quien atiende decir “el doctor, la doctora no viene”.

Entonces la anciana compungida que no tenía ni para el pasaje, emprende retirada y como modo de consuelo otro paciente, en toda la extensión de la palabra, le dice “a lo mejor Dios lo dispuso así, porque no le convenía hoy”.

Esa frase vuelta lugar común es repetida en todas las áreas del centro, ante casos distintos. La recibe el hombre que lleva dos meses en trámite para operarse de un tumor, porque después de tener todo lo indicado listo, debe entregarlo de especialista en especialista.

Esto porque así los dispuso el facultativo que le mandó análisis y otros estudios y que es quien sabe, porque pone fecha de cirugía.

Ocurre que las citas con esos médicos están lejos y además, cuando los vea a todos, debe hacer una con el que los recetó, sí el que dice cuando lo operan.

Así que cuando el afectado lleva el primer estudio a su médico, este en lugar de ahí mismo indicar análisis, lo envía a tomar turno para que otro le indique, que puede ser un mes después y ese otro o manda a rodar entre especialistas.

Luego del largo periplo descrito antes, tomar otra fecha para que vea esos resultados, otros 30 días suelen pasar antes y luego alrededor de ese mismo periodo para la cirugía. Eche calculo. Pero quizás es la voluntad del Señor.

Nadamos en este mar de conformidad, porque es mejor pensar que el supremo, que tiene el control, es quien maneja estas situaciones, que atribuirlas a la precariedad de un sistema lancinante, que parece ensañado con los pobres.

Esto, entonces la tribulación hace pensar a tantos que es mejor cree que es designio de Dios que averiguarlo y mientras, las sillas incomodas nos machacan el cuerpo y el alma en una agonizante espera de horas.