Por Petra Saviñón
La Constitución consagra la libertad de culto. No obstante, parece que algunos lo olvidan o desconocen y por eso marcharon para exigir que las autoridades prohíban la construcción de una mezquita en Punta Cana, “porque este país es cristiano”, que al final paralizaron, según el Ministerio de Vivienda por uso inadecuado de suelo.
Todo generado por el afán de que una religión prevalezca y con el argumento de que los islámicos son terroristas, pese a que esta nación nunca los ha visto incurrir en acciones reñidas con la ley, que sí es una causa válida para vetarlos.
De acuerdo con el Gobierno, el permiso para levantar el templo musulmán más grande del Caribe, que acogería a10 mil personas, habría sido solicitado para residencia y esto fue aprovechado por contrarios a ese credo para salir a las calles del pueblo higüeyano a gritar que aquí reina la trinidad.
Esto es que ligaron la mayonesa con la magnesia, hasta con la gimnasia y quién sabe si con la melaza, crearon un ruido que degeneró en confusión y para este grupo la ilegalidad está no en edificar sin autorización, si no en pretender una mezquita, que sí es legal.
A tanto llega la cosa, que el diputado Elías Wessin Chávez, nieto de árabes, anunció que sometería un proyecto para prohibir esas instalaciones y la práctica de la sharia.
Las más afectadas por esa credofobia (patentizaré esa palabra) son las mujeres que visten la ropa tradicional musulmana. Víctimas de burlas en la calle y otros espacios y de insultos. Incluso han querido bajarlas de autobuses.
Es execrable que un ser humano que dice ama a Dios, sea capaz de ofender, de maltratar a un semejante porque no pertenece a su redil, que por cierto, en este caso, venera al mismo ser divino, solo que de modo distinto.
Los pleitos por cuestiones religiosas son antiguos y han dejado esparcida mucha sangre y claro, miembros humanos. Una pena que a estas alturas todavía estemos en discutir esto.
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