Por Petra Saviñón
Una imagen para concientizar sobre la importancia de ceder el asiento, muestra de pie en un tren del Metro de Santo Domingo a una anciana, a un joven enyesado, una mujer con un niño en brazos y una embarazada. Quizás fue un lapsus dejar fuera la figura del anciano.
Pudo serlo, un olvido como igual no incluir la de un niño y una niña parada. Mas, lo cierto es que los hombres tienen desventaja en múltiples aspectos y este es uno.
Horas después de que me enviaran la promoción para sensibilizar a los usuarios de ese transporte, abordé uno de sus vehículos y hallé de pie a dos viejos (ahora envejecientes, gracias a los eufemismos).
En los asientos grises, reservados para personas con alguna condición considerada especial, iban tres mujeres jóvenes y un hombre de edad mediana (alrededor de 50 años), nadie cedió su puesto.
En la siguiente parada una señora abordó, entonces una chica que estaba en un asiento rojo, para usuarios comunes, la conminó a sentarse en el que ocupaba. Rato después una muchacha caminó a la salida y uno de los ancianos, viejos o envejecientes, ocupó el asiento, pero de inmediato entró una dama con un niño en brazos y lo cedió, pese a que había mozos en esa línea (quizás todos con alguna situación de salud, porque los jóvenes también enferman).
Que haya ido a sentarse significaba que lo necesitaba pero nadie lo notó ni antes ni después de que cediera su espacio. Ni hombres ni mujeres somos conscientes de que los “machos” igual envejecen, igual son vulnerables, aún jóvenes.
Por esto es común que desde que una anciana aborde, nos paremos, claro salvo excepciones como en todo, pero igual de excepcional es que lo hagamos en el caso de los ancianos. Incluso, hasta pedimos solidaridad a los que están sentados, para las mujeres de edad avanzada pero rara vez para los hombres.
A lo mejor tenemos tan metido en la cabeza ciertos parámetros que terminan por afectar al varón, no solo en el plano de la cortesía, de la condescendencia, de la compasión. Esto es solo parte de un amplio abanico de factores que desfavorecen a este congénere de machos y hembras, en cuanto a las condiciones de seres semejantes, en cuanto al género humano.
Es lógico, un asunto cultural arraigado que deber ser parte de las cuestiones a abolir en la búsqueda de la equidad.
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